Las postales de masividad en torno a las ideas igualitarias que nos animan parecen un sueño, una ilusión, y aunque la memoria colectiva va de nuestro 2001 a la plaza Tahrir, de la Guerra del Agua a Grecia y se multiplica con los indignados españoles o con la fecunda experiencia zapatista de un cuarto de siglo, muchas veces sentimos que nuestro aporte a la transformación de la realidad sigue siendo magro.

¿Será la búsqueda de un común que nos reúna el pasaporte a darnos cuenta de cuántos somos y cuál es nuestra capacidad de incidir? ¿Esos puntos de acuerdo deben legarnos una forma de pensar y accionar? ¿Cuáles maneras son posibles de reunirnos en mayor número sin caer en los modelos piramidales y representativos de asumir la política?

Esta noche en la 88va entrega de Después de la Deriva queremos indagar en la necesidad de unos lazos en relación a las ideas y el hacer autonómico para desentrañar si es que allí anida el problema que nos confina al rincón de unas sociedades que se suicidan cada día entre el salavajismo capitalista y la parodia democrática.

Por eso nos preguntamos si muchas de nuestras luchas en defensa de la vida no son meramente de resistencia y por lo tanto no pueden saltar ese cerco, cómo atravesamos procesos políticos de diferente intensidad como el de los progresismos o el de la reacción neoliberal y cuál debe ser el rol que nos cabe en un año de elecciones presidenciales en la Argentina que depara otro binarismo extractivista y de gestión del capital.

Del reconocimiento de nuestras potencias y limitaciones brotan estas inquietudes que cargan con los fracasos de los procesos de liberación del siglo pasado y que todavía no saben o no quieren desplegar ese hilo que sea capaz de reunirnos para asumir la apuesta por querer darlo vuelta todo y que se note rotundamente.